sábado, 22 de agosto de 2009
Trabajo de Teorías del Cine
¿Teorizar sobre cine?
¿Decidirse por una teoría?
¿Y por qué? ¿Y para qué?
Seamos capaces de aceptar que cada intento a pasos de gigante aporta sólo una pizca del saber... hagamos por ello un gran pack de grandes pensadores e ingeniosas ideas, y veamos a dónde nos lleva.
Tantos pensadores, tantos conceptos, tantos descubrimientos, tanto que aún falta por descubir... y tomarse lo hermoso del filosofar cinematográfico como si de una carrera de galgos de tratase...
Pues ahora no quiero!
¿Teorías del cine?
Pues teoricemos sobre cine!
Apreciemos las posibilidades de lo abstracto y del disfrute, Tratemos de no limitar las ideas a las palabras y de no encerrar al arte en un puto modelo de análisis...
"... A menos que neguemos la realidad a un amor o a una locura, debemos concluir que el conocimiento de vastos territorios de la realidad están reservados al arte y sólo a él." [E. SÁBATO]
Fdo: La mente de una (en)Ana en temporada estudiantil intensiva.
domingo, 9 de agosto de 2009
dicen "locos", "irresponsables", "derrochadores"...
~~
Y así prosiguió el verano barcelonés...
con el pequeño Fran imaginando nuevas historias que contar,
con Ana buscando nuevas vidas que vivir...
y cómo ya sabían pero no quisieron escuchar...
"Barcelona puta fina... "
Y los volvió locos...
locos por las calles,
locos por las luces,
locos por la luna...
... Locos por quedarse... a pesar de todo.
Dicen locos,
y luego preguntan ¿por qué?
~~
sábado, 18 de julio de 2009
Muérdago existencial
||
Ravaleando, ravaleando me encontré con un señor que decía no poder crecer, y a casa me lo llevé, pobre, sin nada más que su diminuta estatura, pues no media más de unos centímetros, en un cajón lo guardé. Ana fascinada, me dijo que lo adoptaría encantada y muy ilusionada.
Le dimos un posavasos de Moritz, cortesía de la simpática camarera del Moon, y de alfombra la usó. De cama, un cenicero, reciclado de una porta velas. Ahí se hizo su cama redonda para poder rodar mientras dormía y dar rienda suelta a su imaginación. Unas telas del Ikea para la ropa de cama y las cortina, una bolsa de La Bolsera como papel pintado, le dieron un poco de calidez al oscuro cajón. Como luz, una luciérnaga que todas las noches salía para volver al parque de la Sagrada Familia, lugar donde mientras íbamos en un bus descapotable a toda sangría, decidió venirse con nosotros tras comentarle el problema. Era un buen trabajo, un poco de luz por las noches antes de salir y a cambio, un lugar seguro donde dormir acompañada por el pequeño hombre, que cada día crecía más pero sólo por dentro, en apariencia seguía igual.
Para evitar que se asfixiara, el cajón quedaba abierto cada mañana, una tela mosquitera lo protegía de posibles intrusos. Intentamos dejarle un mp3 con música, pero incluso el nivel de volumen más bajo era insoportable en aquella cueva de madera, pero se solucionó cuando en una tienda con mucho encanto, llena de juguetes de lata antiguos y otros objetos un tanto kitsch pero entrañables, encontramos unos artilugios similares a una gramola que reproducían canciones conocidas, entre ellas la banda sonora de Titanic que, todo hay que decirlo, no era su favorita.
Con música y luz, cama y decorado, había todavía muchos problemas por solucionar. Tenía solucionadas sus necesidades, aunque no hace falta que explique cómo, y le encantaba tomar el sol mientras almorzábamos en la terracita con vistas al patio de l’Eixample (y pongo Eixample porque ensanche me parece antinatural). Los fines de semana, él también tenía sus dosis de diversión, escuchaba la música mientras bebíamos un rato en casa para contrarrestar el precio abusivo del alcohol de los pubs, promovido por el Gobierno para evitar que la creatividad de los jóvenes aumentara, eso entre otras cosas... Pero el pobre no podía venirse con nosotros, era demasiado peligroso permanecer en una mochila o en un bolsillo durante una huida nocturna de nosotros mismos y de todo lo que pesa de esa insoportable levedad del ser.
Aún así lo llevaba bien, siempre estaba al día de lo que por aquí ocurre y siempre preguntaba impaciente cuándo podría crecer. Nosotros siempre le dijimos que cuando él quisiera, que era cuestión de ponerle ganas. Así, conseguimos que nos dijera que todas las semanas iba a crecer, al principio nos hicimos ilusiones y preparamos fiestas y planes, excursiones al Tibidabo y tardes de paseo y relax por las entrañables calles de esa musa que es Barcelona y que como toda musa tenía su lado de femme fatale. Una vez escuche de un desgastado trotamundos que dormitaba medio borracho de quien sabe qué en un banco de la plaza del Macba: “Aiss…Barcelona puta fina…Todo lo que te da, te lo pedirá de propina.”
Pero en todos esos paseos no estaba él, y si algún día lo estaba, era en pequeñito, sin poder interactuar por temor a que la gente lo descubriera, pues no quería acabar siendo carne de experimento.
Le enseñamos fotos, le dimos textos, le pusimos pelis, le contamos nuestras vidas. Nos enseño sus fotos, nos enseño sus textos, nos envió música y nos contó su vida. Como una semilla en un tiesto de barro con semblante viejo y melancólico por los tiempos que pasaron, iba creciendo poco a poco, muy lentamente. Así fuimos alimentándole y dándole ánimos, pero parecía tan lejano a nosotros que por un momento pensamos que no podría llegar a crecer.
Ya era casi navidad, los meses habían pasado muy rápido y cada día parecía más pequeño. El Tibidabo esperaba desde su trono a que creciera para que todos pudiéramos visitarle, pero el tiempo pasaba y el pequeño seguía confuso.
Un día, al llegar a casa tras un magnífico día universitario en la que fue nuestra facultad y en la que tanto aprendimos, tan genial ella, volvimos a casa y el cajón estaba cerrado. Asustados pensamos que se nos había olvidado abrirlo y que no habría podido aguantar, pero al abrirlo encontramos un pos-it, que decía:
“
Mirar en el marco de la puerta y preparar vuestra mejor sonrisa y unos labios bien atractivos.
Pd: Eixiu hui?!
“
Al girarnos un ramo de muérdago colgaba del marco de la puerta y debajo nos esperaba el pequeño hombre que por fin se decidió a crecer. Así que compartimos nuestro espacio vital y mental con él hasta que decidió tomar su camino y crecer más al sur para que el sol de Valencia le ayudara a crecer físicamente y la luna de Valencia le ayudara a crecer mentalmente y a potenciar su imaginación.
Y así fue como en Balmes 133 llegaron planes es bien por hacer y compartir, noches de risas y videos censurados por la parte del cerebro que se empeña en que mantengamos la dignidad.
Y así es como nos quedamos esperando que hubieran más y más noches hasta que el pequeño decidiera venirse a por la musa, para decirle que de propinas nada, esperando oir de su boca:
“A ti por venir”